Siempre quisiste que mi alma volase, por eso enterré mis defectos y regué mis pocas virtudes para que un día tu las vieses. Escribo sin sentido y me dejo llevar. Ya no busco ningún concreto lugar. Me emborracho de momentos, momentos que no querías, momentos que ahora pinto en soledad. Soledad en pequeñas dosis, sobredosis de realidad...